sábado, 8 de agosto de 2009

El naufragio del Sirio


"Frente al cabo de Palos de Cartagena, en los llamados bajos de las Hormigas, naufragó el sábado 4 de agosto el vapor italiano Sirio, que se dirigía a Buenos Aires. El balance de las víctimas superó los 200 muertos. El buque chocó contra los bajos y, a continuación, se produjo una fortísima explosión. Los cadáveres fueron arrojados por las olas a las playas murcianas y hasta a la de Santa Pola, en Alicante", relataba la crónica del DIARIO DEL SIGLO XX. Año 1906.)

Aunque, oficialmente, se reconoció que viajaban a bordo un total de 765 personas, además de los 127 tripulantes (en total 892 individuos). Se dijo que la nave hizo una escala en Alcira (Valencia), seguramente para recoger a un número indeterminado de inmigrantes ilegales.
Otras fuentes citan entre 700 y 1700 pasajeros. Debido a que se contaban a 4 menores como un pasajero, la cifra real debió ser más próxima a los 1700 que a los 700.

Crónica

(…)Apenas pasadas las 16.00 horas del 4 de agosto, a pocas millas de la vecina Cartagena, el “Sirio” se aproximaba a las costas de Cabo de Palos. Lo hacía con una trayectoria peligrosamente cercana a ellas. El mar estaba calmo y sin viento. En el puente, el oficial de guardia observó con sus prismáticos que las islas Hormigas aparecían a proa, ligeramente por estribor y a algo menos de una milla. Esperaba impaciente la llegada del capitán Piccone. Se dirigió hacia el tubo acústico mediante el cual se comunicaban los oficiales con el camarote del capitán y viceversa, para avisarle que estaban llegando al punto de recalada , cuando a menos de 1.500 metros de la costa se produjo la catástrofe. En aquellos momentos el “Sirio” navegaba a 15 nudos, unos 28 km. por hora, según algunos autores, a 17 nudos según otros.
Se escuchó un estruendo ensordecedor, ocasionado por las planchas del fondo que se destrozaban contra la cima del Bajo de Fuera, un pináculo submarino de 200 metros de largo que asciende desde los 70 metros de profundidad hasta solo 3 de la superficie, invisible y mortal obstáculo para la navegación, donde el barco quedó asentado. Aplastados por la masa de agua que ingresaba con enorme fuerza y rapidez, en la sala de máquinas los tripulantes no tuvieron ninguna oportunidad. Columnas de vapor de agua impulsadas a gran presión comenzaron a surgir por grietas que se abrían en la cubierta de popa, que se hundía poco a poco y donde viajaban los pasajeros de 1ª clase.
Pocos momentos transcurrieron hasta el instante en que estallaron las calderas, sembrando la muerte y destrozando las cubiertas ubicadas sobre ellas. En ese momento el navío se elevó de popa para luego caer en una especie de movimiento de sube y baja sobre el escollo tardando unos quince minutos en hundirse por completo hacia ese extremo, en tanto que desde aproximadamente la mitad del casco hacia la proa se mantenía emergiendo de las aguas, con una escora de aproximadamente unos 35° sobre estribor. El pánico se apoderó de todos. Creyendo que el barco se hundiría completamente y siguiendo un elemental instinto de conservación los pasajeros corrieron por cubierta hacia la proa.



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