martes, 22 de septiembre de 2009

Sorrento: tierra de sirenas


Es una pequeña ciudad de Campania, Italia, con unos 16.500 habitantes. Es un popular destino turístico. Se llega a ella fácilmente desde Nápoles y Pompeya, y está al sureste del fin de la línea férrea Circumvesuviana. Tiene vistas al golfo de Nápoles, y es un lugar clave de la Península Sorrentina, con muchos miradores desde donde ver Nápoles (visible a través de la bahía) y el Monte Vesubio. La estrecha carretera que conecta Sorrento y Amalfi serpentea por los más altos acantilados del Mediterráneo.
La ciudad de Sorrento se yergue en una espléndida posición sobre un peñasco sobre el mar Tirreno. Y desde arriba se abre en dos puertos, Marina Grande y Marina Piccola, sobre el mar turquesa luminoso como un esmalte. Dice la leyenda que fue fundada por los navegantes griegos que habían sido llevados a su costa por las sirenas.
Muchos años más tarde fue controlada por los romanos y en el siglo VII funcionó como ducado autónomo y sede del Arzobispado pasando luego a manos normandas y, posteriormente, españolas. En el año 1700 Carlos III de Borbón la convirtió en un centro turístico y más tarde, ilustres ingleses como Lord Byron, Keats y Dickens la incluyeron en el Grand Tour, viaje iniciático de la elite cultural de la época.
De perfecto trazado decumano, la ciudad se abre a ambos lados del Corso Italia, que en verano rebosa de turistas bulliciosos en un ambiente perfumado de azahares que evoca sensaciones perdidas.
De la dominación griega aún conserva restos en la plaza de los Antiguos Muros y en la Puerta de la Marina Grande, que la defendieron durante el Medievo de las numerosas invasiones. Los romanos, a su vez, la adornaron de villas y palacios. El Palacio Verniero, hoy casi abandonado, es, sin embargo, testimonio de la época bizantina con reminiscencias árabes.
Sobre la vía Pietà, la catedral de estilo romano asombra con su marquetería en madera, realizado por artistas sorrentinos.
El corazón de la ciudad es la plaza Torcuato Tasso, en honor al autor de La Gerusalemme Liberata; desde ahí se puede conocer tres interesantes iglesias: la basílica de San Antonino de estilo barroco, donde están expuestos emotivos exvotos en memoria de los desaparecidos en naufragios; la iglesia de las Gracias, que conserva obras de Malinconico, Corenzio y Caracciolo, y la de San Francisco y su claustro de elegantes arcos semicirculares entrelazados que datan del año 1300. En tanto, en otra iglesia, la de del Carmen, reconstruida en 1500, se conserva una antigua copia de la Virgen Morena napolitana.
El único museo de Sorrento es el Correale, que funciona en una villa del 700 y conserva importantes restos de excavaciones griegas y romanas, cerámicas, mayólicas, antiguos pesebres y una buena colección de obras de Rubens, Brueghel, Giordano y otros.
La ciudad no sólo es célebre por sus vinos y limones, sino también por sus artesanías en encajes y la marquetería en madera. En la época del ducado fue importante la construcción de naves, pero Sorrento vio frustrado su destino de potencia marina debido al comercio muy localista.
Como toda criatura mágica, Sorrento tiene su propio canto: es el de los hermanos De Curtis, cuyos emotivos versos han recorrido todas las latitudes en voces maravillosas, invitando una y otra vez a tornare a Sorrento.


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