jueves, 17 de marzo de 2011

Festejos con bandera tricolor

Extracto del artículo de opinión publicado por Néstor Tirri para el diario La Nación (16 de marzo de 2011), donde el autor alude a los lazos sanguíneos entre Italia y Argentina.

(...) El otro interés por esta celebración, más genérico y de raigambre cultural-antropológica, se funda en el vínculo histórico que une a la Argentina con Italia y que inviste un carácter de excepción: los vasos comunicantes entre ambos países -me arriesgo a barruntarlo- son difícilmente comparables a las interrelaciones de otros países del planeta. La unificación del Reino de Italia de 1861 impuso la hegemonía de la Casa Saboya con Vittorio Emanuele II, quien hasta ese momento era cabeza del Reino de Cerdeña. Pues bien, ya en 1855, siendo todavía rey de Cerdeña, Vittorio Emanuele II suscribió un Trattato di amicizia, Commercio e Navigazione con la recién nacida Confederación Argentina. Después, a fines del siglo XIX e impulsada por el denominado Proyecto del 80, sobrevino la inmigración de italianos que provenían de distintas regiones de la Península, predominantemente del Meridione (el Sur).
El censo realizado en la Argentina en 1914 reveló que más del 30 por ciento de los habitantes eran inmigrantes, con mayoría italiana. Entre 1880 y 1924, vinieron a la Argentina más de tres millones de italianos.
Así fue que en 1924 Italia decidió jerarquizar su representación diplomática en nuestro país y le confirió el rango de ambasciata, para exaltar el rango prioritario que había adquirido la Argentina. La medida coincidió con la llegada del príncipe heredero Umberto, recibido por el entonces presidente Marcelo T. de Alvear. Según Ludovico Incisa di Camerana, historiador y ex embajador italiano en la Argentina, "la transformación de la «legación» en embajada y la visita del príncipe heredero en 1924 revelan un viraje en la política exterior italiana hacia América latina".
Un claro gesto de reconocimiento de autoridades argentinas hacia la dinastía de los Saboya había sido, años antes, el cambio de denominación de la histórica Calle Ancha, en el barrio antiguo de la ciudad (San Telmo): por iniciativa de las distintas colectividades de italianos afincados en suelo porteño, en 1900 el Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires la llamó definitivamente Humberto Primo, en homenaje al rey de Italia, sucesor de Vittorio Emanuele II, que acababa de ser asesinado.
En un salto a tiempos recientes, apuntemos que una década atrás el recordado periodista Enzo Biagi, columnista del Corriere della Sera, en otro síntoma de acercamiento, celebró con nosotros sus 80 años de vida en la redacción de La Nación. Diez años después, desde este espacio de opinión de un diario fundado por un seguidor de Giuseppe Mazzini (modelo de político-periodista al que Bartolomé Mitre, traductor de La divina comedia, del Dante, admiró), los argentinos, especialmente los que descendemos de italianos, saludamos a los ciudadanos de la Península en el día de su celebración.
Cuando se sancionó el decreto de los festejos, Beppe Severgnini salió al ruedo a ironizar sobre los trasnochados disconformes. Severgnini, uno de esos columnistas a quien hay que envidiarle el manejo del humor para decir cosas serias, invocó a otro notable periodista del pasado, Indro Montanelli, quien sostenía que a Humberto Bossi (Lega Nord) había que levantarle monumentos al lado de los de Garibaldi por su condición de "patriota involuntario": exaltando la inexistente (1)Padania, decía, obligó a reflexionar sobre la Italia existente.
"Nuestro tribalismo es tan radical que, para ponernos de acuerdo sobre algo, necesitamos encontrar un adversario", sostiene ahora Severgnini, y señala que la oposición a los festejos, sin querer, movilizó el deseo popular para sacudir la burocracia de los pomposos comités de organización, "y así el 17 de marzo se encaminó a ser una verdadera fiesta, nueva y sentida".
Se necesitaba, en efecto, una inyección de entusiasmo y de identidad nacional. Y no deja de asombrar que, aun antes del decreto oficial, un movilizador de esa energía haya sido el Festival de San Remo, con una velada íntegramente dedicada a L'Unitàd'Italia, noche en la que abundaron canciones alusivas y, sobre todo, la irrupción de Roberto Benigni: el actor y director entró a la sala del Five Millions Club a caballo, agitando la bandera tricolor, y gritando: " ¡Viva l'Italia! ".
Después cantó a capella partes del himno de Mameli, interpolando sus propias paráfrasis de la letra, como ya había hecho con la Divina commedia : "En seis estrofas -aseguró rotundamente el actor- Mameli unifica la historia de una Italia hasta entonces dividida".
Al día siguiente, en declaraciones a la prensa, Benigni ensayó una admirable síntesis de una cultura y una civilidad: "Primero viene Dante y, siglos después, Cavour. Primero la lengua, después la Nación. Es la extraordinaria belleza de nuestros artistas y de nuestro país lo que nos une. ¿No es maravilloso el pasaje de Dante en el cual Beatrice aparece vestida con los tres colores que serán los mismos de la bandera italiana?".

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N. de la R.(1)El término Padania se utilizó básicamente para denominar la totalidad del norte de Italia. Este significado extendido ha sido popularizado por la propaganda de la Liga Norte (en italiano, Lega Nord), un grupo político italiano antes separatista, y después federalista, que usa el nombre de Padania para la zona que en los años 1995-2001 proponía secesionarse de Italia: el Norte Italia y más tarde también la Toscana, la Umbría y Marcas.

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