lunes, 4 de abril de 2011

Las ferias en Italia: tradición, color y multiculturalidad


Turistas que cuenta con una basta experiencia, dicen que para conocer una ciudad, hay que empezar por las ferias libres y los mercados. No importa lo cuan grande sean, hasta las más simples, escondidas en algún rincón de la urbe dan cuenta de cómo es un pueblo.
Según estadísticas publicadas en el 2008, alrededor de 23 millones de italianos pasean entre los puestitos por lo menos una vez por semana, y gastan en ellas 28 mil millones de euros por año, un 15% del presupuesto familiar.
En tanta variedad de productos, también se encuentran feriantes de distintas nacionalidades como chinos, indios y africanos.
Hacer la compra cada mañana en el mercado es una tradición muy arraigada en las distintas regiones de Italia, en Roma las más visitadas son la feria libre de Campo de' Fiori y el mercado de Porta Portese, en Trastevere.
En Turín, el mercado de Porta Palazzo y en Florencia, el de San Lorenzo, donde se vende el famoso emparedado de lampredotto (tripa vacuna).
En Palermo, la Vucciria no es un mercado, es una fiesta de colores y sonidos. En Nápoles hay muchos lugares, por ejemplo el Poggioreale, muy cerca de la cárcel, vende ropa y calzado. El pescado más fresco se encuentra en Porta Nolana, y el mercado de las flores ocupa la plaza del municipio todas las madrugadas; la más económica y alegre es la Feria de Pignasecca.
Originalmente las ferias fueron un fenómeno económico surgido durante la Edad Media en Europa Occidental, cuando las comunicaciones eran difíciles y peligrosas, y los lugares en los que se podía encontrar los artículos de “lujo” o de primera necesidad eran escasos y alejados entre sí. Por ello las ferias, esas grandes reuniones de gente proveniente de diversos pueblos que acudían a ellas en caravanas, necesariamente tenían un objetivo de aprovisionamiento y eran florecientes en la época.
La apertura de las ferias se anunciaba por el repique de campanas y el tropel de personas que afluían a sus enclaves.
Las ferias se solían celebrar a las puertas de las murallas, pero la expansión posterior de las ciudades transformó el lugar en plazas cerradas con edificios alrededor (plaza de mercado), y el desarrollo urbano las termina convirtiendo en un punto céntrico de la ciudad, tal como las encontramos actualmente.

Foto: Mercado de Sant'Ambrogio en Florencia

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