lunes, 20 de octubre de 2014

El reloj de pulsera, gran invento de la Primera Guerra Mundial

Ahora que se está recordando el centenario de la Gran Guerra, no vendría mal destacar algunos inventos que se popularizaron entonces. El reloj de pulsera, por ejemplo.
Antes de 1914, los hombres no solían llevar reloj de pulsera porque eso era cosa de mujeres.
Los hombres llevaban relojes de bolsillo que sincronizaban con las campanadas de la iglesia más cercana. Las mujeres sí llevaban relojes de pulsera, pero era algo más bien decorativo.
Al estallar la Primera Guerra Mundial, los ejércitos se dieron cuenta de que los soldados no podían despistarse mirando su reloj de bolsillo. En el fragor del asalto, era ridículo meter la mano en el bolsillo para sincronizar los tiempos. Además, con el peso de las mochilas y las armas, los relojes de bolsillo eran un engorro más.
Por eso se popularizaron los relojes de pulsera. No era la primera vez que se usaban en un conflicto pues en la guerra de los bóers en Sudáfrica a principios del siglo XX, el ejército británico empleó relojes de pulsera. Tras esa guerra, se perdió la costumbre.
Pero la Primera Guerra Mundial sirvió para retomar el hábito. Los relojes de pulsera se popularizaron en ambos bandos. Era más fácil sincronizar asaltos y obedecer las órdenes de alto mando con enorme exactitud para evitar bajas en las propias filas. Primero entraba en funcionamiento la artillería, y a una hora determinada, se ponía en marcha la infantería. De ahí nació la famosa frase “sincronicen los relojes”. Si saltabas antes al campo de batalla te freían.
Lo curioso es que muchos relojes de pulsera se usaban con una especie de protector contra golpes, como si fuera una máscara de un jugador de jockey sobre hielo. Uno de ellos eran el Waltham norteamericano. (ver imagen)
El ejército norteamericano comenzó usando los relojes de pulsera en 1915, y los vendedores de relojes no perdieron la oportunidad de extender esa moda al muno civil. Cuando los soldados volvieron del frente, lo que molaba era tener un reloj en la muñeca.
A finales de la guerra, se introdujeron una novedad que hoy todos conocemos: las agujas fosforescentes.
Se aplicó a la esfera y a las manecillas un compuesto de radio (radiactivo) y sulfuro de zinc para que los soldados no tuvieran que encender las linternas de noche para consultar la hora porque así eran pasto de los francotiradores enemigos. (Imagen derecha).
El reloj brillaba día y noche, no como ahora, que se cargan con la luz solar y van perdiendo potencia por la noche. El problema es que era radiactivo, cosa que no se sabía entonces.




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