domingo, 21 de noviembre de 2010

América

Era todo un acontecimiento. Nos vamos América –decíamos–tierra prometida, sueño, bienestar y trabajo. América tierra del oro.
La falta de trabajo y el duro golpe de la guerra nos llevaban a abandonar nuestra tierra y los seres más queridos.
América era como huir de la pobreza y el hambre, para encontrarse con algo más digno para vivir.
Pero no fue fácil. Fueron días difíciles y tristes, sin casa, sin trabajo y lejos de nuestras familias. La promesa de buen trabajo fue miseria.
Pero también hubo quienes supieron pensar, o la diosa fortuna los ayudó a ser grandes empresarios.
Recuerdo la sirena del barco que anunciaba la llegada al puerto de Buenos Aires. Llegábamos a América… ¿y ahora qué?—nos preguntábamos— y la respuesta se dio después del desembarco, porque pronto un camino duro comenzábamos a transitar. En ese instante, nos quedamos en el muelle mirando el horizonte y solo había agua. Nuestra tierra había quedado a 10.000 km. Todo había quedado en Italia, nuestros abuelos, nuestros amigos.
En mi caso, con mis 12 años extrañaba todo. Cuántos barquitos de papel hacía mientras soñaba con regresar. Y avioncitos de papel que nunca volaron.
Pasó el tiempo y una nueva vida comenzó. Hubo que tomarlo así. Estábamos en América, tierra prometida de trigo y miel.
Hoy, después de 60 años en Argentina, una hija vuelve a la tierra de sus ancestros.La veo partir, al igual que aquellos abuelos que vieron emigrar a nuestros padres hacia América.

Pedro Giuffre ---Puan ---Argentina

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