Anécdotas de un tiempo no tan lejano
Pedro nos cuenta como se vivía la Navidad en Sicilia cuando era niño, fecha en donde la familia se reunía en casa de la Nonna, acompañada por riquísimos dulces y muy buenas pastas. Aunque había un ingrediente superior: el amor y la espiritualidad de la festividad que anunciaba la llegada del niño Dios.
“De pequeño vivía en Brolo y la natale o navidad era lo más esperado. En las escuelas nos hacían escribir una carta (letrera) a nuestros padres, nosotros la poníamos debajo del plato de papá y luego esperábamos el regalo. Nos regalaban corderitos de azúcar o algún dinerito.
El pesebre lo hacíamos con animalitos creados por nosotros e íbamos dándoles forma. Cubríamos el pesebre con musgo que buscábamos en las partes húmedas del terreno.
En la Navidad, nos reuníamos al rededor de una gran mesa con delicias de la nonna, panetone, turrone, nueces, avellanas, confites de almendras de todos los colores.
Otra de las delicias eran los cannoli y biscotti.
¡Nunca podían faltar los macarrones con tucos que solo conocía la nonna!
El lugar de reunión familiar era en la Chimara di Naso, donde vivía mi abuela. Chiumara, era el paraje cerca del río y de ahí viene la palabra chiumara.
Tampoco nunca faltaron lo aranchine de arroz y sus rellenos especiales, el pavo demenusado y muchas cosas ricas.
Luego el 6 de enero esperábamos la Befana que nos traía regalitos, íbamos a la misa de media noche y escuchábamos el inolvidable sonar de las campanas de las iglesias de Naso, ya que nos encontrábamos a pocos minutos del pueblo”
El pesebre lo hacíamos con animalitos creados por nosotros e íbamos dándoles forma. Cubríamos el pesebre con musgo que buscábamos en las partes húmedas del terreno.
En la Navidad, nos reuníamos al rededor de una gran mesa con delicias de la nonna, panetone, turrone, nueces, avellanas, confites de almendras de todos los colores.
Otra de las delicias eran los cannoli y biscotti.

¡Nunca podían faltar los macarrones con tucos que solo conocía la nonna!
El lugar de reunión familiar era en la Chimara di Naso, donde vivía mi abuela. Chiumara, era el paraje cerca del río y de ahí viene la palabra chiumara.
Tampoco nunca faltaron lo aranchine de arroz y sus rellenos especiales, el pavo demenusado y muchas cosas ricas.
Luego el 6 de enero esperábamos la Befana que nos traía regalitos, íbamos a la misa de media noche y escuchábamos el inolvidable sonar de las campanas de las iglesias de Naso, ya que nos encontrábamos a pocos minutos del pueblo”
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