María Carmela de Mazzeo cumplió sus 100 años en el bicentenario

(La Nueva Provincia) Lúcida, vital, alegre, entusiasta y con ganas de disfrutar de sus hijos, nietos y bisnietos.Así celebró sus 100 años de vida María Carmela Siracusa de Mazzeo, justo en el año del bicentenario de la Argentina, país que le dio cobijo a sus padres cuando llegaron desde Italia.
Nació el 10 de agosto de 1910 y forjó una rica historia familiar en Punta Alta, primero con sus padres, Salvadora Bambaci y Salvador Siracusa, y hermanos, luego con sus tres hijos varones, y ahora sus diez nietos y sus 13 bisnietos.
Su cumpleaños lo festejó en el hogar que comparte con su hijo Angel Mazzeo, ex presidente de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos de Punta Alta, y su hija política Clelia Cruciani de Mazzeo.
Allí mismo recibió, vía telefónica, varios llamados de familiares y amigos de Italia, Córdoba y Ushuaia.
"Fue una gran emoción. No había más gente para que viniera a saludarme. La casa estuvo llena todo el día. Vinieron los vecinos, mi familia. La pasé muy bien", dijo con alegría.
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María Carmela estuvo toda la vida en esta ciudad. En la época de su juventud, recuerda que había caciques, indios. "Punta Alta, dijo, era todo campo y sólo había quintas que eran formadas por los italianos".
"Mis padres también trabajaron en la quinta. Yo perdí a mi padre a los 33 años y quedamos siete hijos a cuidado de mi mamá. Después ella empezó a trabajar. Vendía verduras por las calles y trabajaba en las quintas, donde también ayudábamos nosotros. Teníamos cuadras y cuadras de quinta", dijo.
"Allí cosechábamos todo para luego llevar a la mesa familiar. También hacíamos verduras para los buques, como otra manera de sostenernos económicamente".
Cursó hasta segundo grado de la Primaria. "Nos teníamos que turnar para ir a la escuela. Yo soy la tercera de mis siete hermanos, que ya no están... Yo soy la única sobreviviente", dijo con una sonrisa nostálgica.
"Mis padres también trabajaron en la quinta. Yo perdí a mi padre a los 33 años y quedamos siete hijos a cuidado de mi mamá. Después ella empezó a trabajar. Vendía verduras por las calles y trabajaba en las quintas, donde también ayudábamos nosotros. Teníamos cuadras y cuadras de quinta", dijo.
"Allí cosechábamos todo para luego llevar a la mesa familiar. También hacíamos verduras para los buques, como otra manera de sostenernos económicamente".
Cursó hasta segundo grado de la Primaria. "Nos teníamos que turnar para ir a la escuela. Yo soy la tercera de mis siete hermanos, que ya no están... Yo soy la única sobreviviente", dijo con una sonrisa nostálgica.
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Se casó, en 1927, con Salvador Mazzeo. "Hicimos junto con mi esposo la casa. Mientras estaba embarazada de mi segundo hijo, yo hacía de peón; hacía la mezcla para los albañiles para que no perdiera días de trabajo mi marido, que trabajaba en la Base Naval, como personal civil: era mecánico de motores de avión".
Tuvo tres hijos varones: Angel (82 años), Ricardo (79) y Antonio (73). A los 42 años su esposo murió. Desde entonces se quedó con sus hijos y mientras ellos y sus esposas trabajaban "yo me dedicaba a cuidar a mis nietos. Hacía de ama de casa".
"Siempre la pasé bien, gracias a Dios. Trabajé, pero estuvimos unidos con mis hijos, me respetaron y quisieron siempre. Soy muy agradecida de mis hijos y de la vida que me tocó", dijo.
Tuvo tres hijos varones: Angel (82 años), Ricardo (79) y Antonio (73). A los 42 años su esposo murió. Desde entonces se quedó con sus hijos y mientras ellos y sus esposas trabajaban "yo me dedicaba a cuidar a mis nietos. Hacía de ama de casa".
"Siempre la pasé bien, gracias a Dios. Trabajé, pero estuvimos unidos con mis hijos, me respetaron y quisieron siempre. Soy muy agradecida de mis hijos y de la vida que me tocó", dijo.
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